El Niño y la salud del ganado: riesgos sanitarios que pueden aumentar con el calor y la sequía

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Ganado bovino bajo altas temperaturas durante una época de sequía en Colombia
El Niño y la salud del ganado: calor, sequía y vigilancia sanitaria

El fenómeno de El Niño puede representar para la ganadería mucho más que una disminución de las lluvias. Las temperaturas elevadas, los cambios en las precipitaciones, la presión sobre las fuentes de agua y la reducción de la disponibilidad de forraje pueden afectar la salud del ganado y modificar las condiciones en las que viven, se alimentan y producen los bovinos.

En Colombia, este escenario adquiere especial importancia durante 2026. El IDEAM informó el 10 de septiembre que las condiciones de El Niño continúan fortaleciéndose y estimó una probabilidad superior al 90 % de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026. El seguimiento oficial continúa durante el desarrollo del evento.

El ICA, por su parte, señaló el 23 de septiembre de 2026 que los efectos de El Niño pueden variar según las condiciones climáticas y productivas de cada territorio, con posibles incrementos de temperatura, cambios en las lluvias y presión sobre la disponibilidad de agua.

Esto plantea una pregunta importante para el productor:

¿Qué riesgos sanitarios pueden aumentar cuando coinciden altas temperaturas, sequía, menor disponibilidad de agua y reducción del forraje?

La respuesta requiere una precisión fundamental: El Niño no es una enfermedad ni puede afirmarse que sea la causa directa de todos los problemas sanitarios que aparezcan durante el fenómeno. Lo que puede hacer es modificar las condiciones ambientales y de manejo que favorecen determinados riesgos.

El Niño y la salud del ganado: no existe una sola enfermedad asociada al fenómeno

No existe una única “enfermedad de El Niño”. El fenómeno puede modificar varios factores al mismo tiempo:

  • temperatura ambiental;
  • humedad;
  • disponibilidad y calidad del agua;
  • cantidad y calidad del forraje;
  • consumo de alimento;
  • comportamiento de los animales;
  • condición corporal;
  • respuesta fisiológica al calor;
  • desempeño reproductivo;
  • exposición a determinadas toxinas.

Por eso, el enfoque sanitario debe ser preventivo. La combinación de temperaturas elevadas, menor disponibilidad de agua, reducción del forraje y estrés fisiológico puede aumentar determinados riesgos sanitarios, pero la magnitud dependerá de la región, el sistema productivo, la categoría animal, la raza, el manejo y las condiciones particulares de cada finca.

1. Estrés térmico y salud del ganado

El estrés térmico aparece cuando el animal recibe una carga de calor superior a su capacidad para disiparla adecuadamente.

Los bovinos cuentan con mecanismos de termorregulación para mantener su temperatura corporal. Cuando estos mecanismos resultan insuficientes, pueden aparecer cambios en el comportamiento y en diferentes funciones fisiológicas.

Bovinos buscando sombra y agua durante una jornada de altas temperaturas
La búsqueda de sombra y agua puede formar parte de las respuestas conductuales de los bovinos frente a una elevada carga térmica.

Entre las señales que pueden observarse están:

  • aumento de la frecuencia respiratoria y jadeo;
  • búsqueda persistente de sombra;
  • reducción del consumo de alimento;
  • cambios en el comportamiento;
  • mayor búsqueda de fuentes de agua;
  • debilidad;
  • disminución de la actividad.

Cuando la carga térmica es extrema, el cuadro puede evolucionar hacia hipertermia grave, incapacidad para mantenerse en pie, colapso y, en casos severos, muerte. Por esta razón, vigilar el comportamiento de los animales es una parte importante de la protección de la salud del ganado durante los períodos de calor.

Por eso, aunque en el lenguaje cotidiano un productor pueda decir que un bovino “se desmayó por el calor”, desde el punto de vista veterinario es más preciso hablar de estrés térmico grave, hipertermia, incapacidad para mantenerse en pie o colapso asociado a una carga térmica extrema.

La evidencia científica también muestra que el efecto del calor puede extenderse más allá del momento de mayor temperatura. Un estudio realizado en Italia analizó 46.610 muertes de vacas lecheras mayores de 24 meses registradas entre 2002 y 2007. Los investigadores encontraron una mayor mortalidad durante las olas de calor y observaron que el riesgo continuaba elevado durante los tres días posteriores a su finalización.

2. Cómo se evalúa el estrés térmico: el Índice Temperatura-Humedad

Una herramienta utilizada para evaluar la carga térmica en los animales es el Índice Temperatura-Humedad (THI).

Infografía sobre el Índice Temperatura-Humedad THI para evaluar la carga térmica en bovinos
El THI combina temperatura del aire y humedad relativa para ayudar a vigilar la carga térmica de los bovinos.

El THI combina la temperatura del aire y la humedad relativa. Una de las fórmulas utilizadas en la literatura científica es:

THI = (1,8 × T + 32) − [(0,55 − 0,0055 × HR) × (1,8 × T − 26)]

Donde:

  • T = temperatura del aire en °C.
  • HR = humedad relativa en %.

El resultado es un índice, no una temperatura. Por eso, hablar de “72 °C de THI” sería incorrecto.

Algunas investigaciones utilizan valores cercanos a 72 como referencia para analizar condiciones asociadas con estrés térmico en determinados sistemas productivos. Sin embargo, 72 no debe interpretarse como un umbral universal para todos los bovinos.

Un meta-análisis publicado en 2026 por Özgür Özcan y Serdal Dikmen integró 35 estudios independientes sobre ganado lechero publicados entre 2010 y 2023. Encontró una asociación negativa significativa entre el estrés térmico y la producción de leche. Los análisis por grupos mostraron pérdidas productivas más marcadas cuando el THI superaba 72, pero los autores también encontraron una heterogeneidad muy elevada entre los estudios y señalaron que los resultados deben interpretarse como tendencias generales, no como un umbral universal aplicable a todas las fincas.

Por eso, el THI debe utilizarse como herramienta de vigilancia, no como diagnóstico por sí mismo.

La respuesta de los animales también depende de factores como:

  • raza;edad;
  • estado fisiológico;
  • nivel de producción;
  • adaptación al clima;
  • duración de la exposición;
  • radiación solar;
  • movimiento del aire;
  • disponibilidad de sombra;
  • acceso al agua.

3. Agua y salud del ganado durante la sequía

Durante los períodos secos, uno de los primeros problemas que puede enfrentar una finca es la reducción de la disponibilidad de agua. Mantener una fuente adecuada de agua es fundamental para proteger la salud del ganado y reducir los efectos del calor y la deshidratación.

Sin embargo, el riesgo sanitario tiene dos componentes diferentes: cantidad y calidad.

Fuente de agua para ganado durante una época seca
Durante una época seca, el productor debe vigilar tanto la cantidad como las condiciones de la fuente de agua utilizada por el ganado.

Una fuente puede continuar teniendo agua y, aun así, presentar condiciones menos adecuadas para el consumo animal.

Durante una sequía pueden producirse cambios en:

  • volumen de los reservorios;
  • concentración de determinadas sustancias;
  • temperatura del agua;
  • acumulación de materia orgánica;
  • contaminación;
  • proliferación de determinados microorganismos y algas.

El ICA ha señalado que las condiciones asociadas con El Niño pueden generar presión sobre la disponibilidad de agua y ha insistido en la importancia de observar las condiciones particulares de cada territorio.

Por eso, el productor no debería limitarse a comprobar si todavía existe agua en el bebedero, reservorio, quebrada o pozo. También debe vigilar su calidad y las condiciones de almacenamiento.

Agua disponible no siempre significa agua segura.

4. Agua de mala calidad y proliferación de algas

Las condiciones de sequía y altas temperaturas pueden producir cambios importantes en determinadas fuentes de agua.

Cuando disminuye el volumen de un cuerpo de agua, pueden cambiar las concentraciones de diferentes sustancias. Además, determinadas condiciones ambientales pueden favorecer la proliferación de microorganismos y algas potencialmente tóxicas.

Esto convierte los reservorios, lagunas y otras fuentes de agua en elementos que requieren vigilancia durante períodos prolongados de calor y sequía.

El problema puede ser difícil de detectar porque el agua continúa estando físicamente disponible, aunque sus características hayan cambiado.

Ante cambios evidentes en el aspecto, olor o condiciones de una fuente de agua, o si aparecen animales enfermos después de beber de ella, es necesario solicitar una evaluación técnica y evitar asumir que la causa es simplemente el calor.

5. Nitratos y nitritos: un riesgo documentado en Colombia

Uno de los riesgos que merece especial atención durante determinadas condiciones de estrés de las plantas es la acumulación de nitratos.

La sequía puede alterar la fisiología de algunos forrajes y aumentar el riesgo de acumulación de nitratos. Determinadas especies también pueden presentar riesgo de intoxicación por ácido prúsico bajo condiciones específicas de estrés.

Infografía sobre el riesgo de intoxicación por nitratos en bovinos durante períodos de sequía
Algunas condiciones de estrés de las plantas pueden aumentar el riesgo de acumulación de nitratos en determinados forrajes.

Nebraska Extension advirtió en mayo de 2026 que las condiciones de sequía pueden incrementar el riesgo de intoxicación por nitratos y ácido prúsico en determinados forrajes. Entre las especies mencionadas se encuentran sorgo, sorgo-sudán, pasto sudán, shattercane y johnsongrass. El riesgo puede ser especialmente importante durante la sequía o inmediatamente después de lluvias que interrumpen el período seco.

Pero Colombia tiene un antecedente especialmente relevante.

El 8 de marzo de 2010, el ICA informó la muerte de aproximadamente 200 bovinos en San Miguel de Sema, Boyacá, por intoxicación con nitratos presentes en los pastos. También se registraron casos aislados en otros municipios de la región.

Según el ICA, las condiciones de fertilidad del suelo, las heladas, los períodos de verano prolongado y la posterior temporada de lluvias favorecieron el incremento de nitratos en las praderas.

Este antecedente demuestra que la intoxicación por nitratos no es un riesgo exclusivamente descrito en otros países. Por eso, durante períodos de sequía también es necesario proteger la salud del ganado mediante una vigilancia cuidadosa de los forrajes.

Advertencia sanitaria: La intoxicación por nitratos puede constituir una emergencia veterinaria. Si después del consumo de determinado forraje aparecen signos como dificultad respiratoria, debilidad marcada o coloración anormal de las mucosas, se debe solicitar atención veterinaria de inmediato. El tratamiento debe ser determinado y administrado por un profesional veterinario. No se debe intentar establecer un protocolo terapéutico por cuenta propia.

6. Ácido prúsico y determinados forrajes

Los nitratos no son el único riesgo relacionado con forrajes sometidos a condiciones de estrés.

Algunas plantas, especialmente determinadas especies de sorgo y sus híbridos, pueden producir compuestos capaces de provocar intoxicación por ácido prúsico.

La evidencia técnica indica que el riesgo puede aumentar durante períodos de sequía y también alrededor de las lluvias que ponen fin a esos períodos.

Esto genera una situación que el productor debe comprender: una pradera que comienza a recuperar su crecimiento después de una sequía no necesariamente está libre de riesgos sanitarios.

La evaluación del forraje debe considerar la especie vegetal, las condiciones ambientales y las características particulares del sistema productivo. Cuando exista sospecha de toxicidad, la decisión sobre su utilización debe contar con orientación técnica.

7. Menos forraje también puede aumentar el riesgo de intoxicación

Cuando disminuye la disponibilidad de pasto, el comportamiento alimentario del ganado puede cambiar.

Los animales pueden consumir plantas que normalmente evitarían o aprovechar material vegetal disponible en zonas donde habitualmente no pastorean. Como consecuencia, puede aumentar la exposición a determinadas plantas tóxicas.

Esto puede aumentar la exposición a determinadas plantas tóxicas.

Por eso, durante una época de escasez de forraje, el problema no consiste únicamente en que el animal coma menos.

También importa qué termina comiendo.

La revisión de las praderas y de las alternativas de alimentación adquiere así una importancia sanitaria adicional durante los períodos de sequía.

8. El calor también puede afectar la reproducción bovina

Ganado bovino en sistema reproductivo durante una época de altas temperaturas
La exposición a temperaturas elevadas puede afectar diferentes componentes de la reproducción bovina.

El impacto del estrés térmico no necesariamente termina cuando disminuyen las temperaturas.

La exposición al calor puede afectar diferentes componentes de la reproducción bovina, entre ellos la expresión del celo, la función ovárica, la calidad de los ovocitos y el desarrollo embrionario. De hecho, investigaciones publicadas en 2026 han descrito efectos del estrés térmico sobre la función reproductiva femenina y masculina y sobre las primeras etapas del desarrollo embrionario.

Esto significa que una finca puede observar consecuencias reproductivas después de un período de estrés térmico, incluso cuando las condiciones ambientales ya hayan mejorado. Por ello, la salud del ganado debe vigilarse también después de los períodos de mayor calor.

La magnitud del efecto depende de factores como el tipo de animal, el sistema productivo, la intensidad y duración de la exposición al calor y las condiciones de manejo.

9. Producción de leche y salud de la glándula mamaria

En los sistemas lecheros, el estrés térmico merece una atención especial.

El calor puede reducir el consumo de alimento y afectar la producción de leche. Además, el meta-análisis publicado en 2026 encontró una asociación negativa entre el estrés térmico y la producción de leche, junto con reducciones en algunos componentes de la leche.

A esto se suma que el estrés fisiológico y los cambios ambientales pueden influir en diferentes problemas sanitarios. Sin embargo, no sería correcto atribuir automáticamente al calor una enfermedad específica de la glándula mamaria.

Por ello, durante períodos de calor intenso conviene observar conjuntamente:

  • consumo de agua;
  • consumo de alimento;
  • comportamiento;
  • producción de leche;
  • condición corporal;
  • estado general de los animales.

Los cambios persistentes o inesperados requieren evaluación técnica.

10. Enfermedades respiratorias, garrapatas y parásitos: evitar conclusiones simplistas

Estos riesgos requieren especial prudencia.

El estrés térmico puede alterar diferentes funciones fisiológicas y afectar la respuesta del organismo. En terneros, por ejemplo, investigaciones han encontrado una relación entre condiciones ambientales, estrés térmico y riesgo de enfermedad respiratoria, con influencia adicional de factores como alojamiento, ventilación y manejo.

Esto no significa que El Niño provoque automáticamente neumonía u otra enfermedad respiratoria.

La relación debe entenderse como:

estrés ambiental → cambios fisiológicos y de manejo → posible aumento de vulnerabilidad

y no como:

El Niño → enfermedad respiratoria.

Lo mismo ocurre con garrapatas, babesiosis y anaplasmosis. El clima puede influir en la dinámica de vectores y parásitos, pero la respuesta no es idéntica en todas las regiones.

Por tanto, no es científicamente responsable afirmar simplemente que “El Niño aumentará las garrapatas y provocará más babesiosis”. La situación debe analizarse de acuerdo con la región, los vectores presentes, la raza, el sistema productivo y la vigilancia epidemiológica.

Qué debe vigilar el productor para proteger la salud del ganado

Más que esperar a que aparezca una enfermedad, el objetivo debe ser detectar tempranamente los cambios. La vigilancia de la salud del ganado permite identificar señales que pueden requerir una evaluación veterinaria.

Durante períodos de calor y sequía conviene prestar atención a:

  • aumento anormal de la frecuencia respiratoria;
  • jadeo persistente;
  • búsqueda constante de sombra;
  • reducción del consumo de alimento;
  • cambios en el consumo de agua;
  • animales débiles o incapaces de mantenerse en pie;
  • pérdida de condición corporal;
  • disminución inesperada de la producción;
  • alteraciones reproductivas;
  • cambios de comportamiento;
  • deterioro evidente de las fuentes de agua;
  • cambios importantes en las praderas;
  • presencia de plantas desconocidas o potencialmente tóxicas;
  • signos compatibles con intoxicación.

Estos signos no permiten establecer por sí solos un diagnóstico.

Ante animales enfermos, muertos o con signos inusuales, se debe solicitar evaluación veterinaria y seguir las indicaciones de la autoridad sanitaria cuando corresponda.

El riesgo sanitario está en la combinación de factores

Productor ganadero observando bovinos y verificando las condiciones de agua y forraje
La observación temprana de los animales, el agua y las praderas permite identificar cambios que requieren atención.

El mayor error sería pensar que existe una única “enfermedad de El Niño”.

El riesgo sanitario puede surgir de la combinación de varios factores:

Calor → mayor carga térmica y estrés fisiológico.

Sequía → presión sobre el agua y menor disponibilidad de forraje.

Forraje sometido a estrés → posible acumulación de determinados compuestos.

Cambios en la alimentación → mayor posibilidad de consumir plantas no deseadas.

Estrés fisiológico → posibles alteraciones productivas y reproductivas.

Por eso, la prevención comienza antes de que aparezca el animal enfermo.

El Niño y la salud del ganado requieren vigilancia

El fenómeno de El Niño no debe entenderse como una enfermedad ni como una causa directa de todos los problemas sanitarios que puedan aparecer durante un período de calor y sequía.

Su importancia para la ganadería está en que puede modificar el ambiente y las condiciones de manejo en las que viven los bovinos.

El aumento de las temperaturas puede favorecer el estrés térmico; la reducción de la disponibilidad de agua puede generar problemas de cantidad o calidad; la disminución del forraje puede modificar la alimentación; y determinadas condiciones de estrés vegetal pueden aumentar el riesgo de intoxicaciones.

Colombia, además, cuenta con antecedentes documentados. El caso registrado por el ICA en Boyacá en 2010 demuestra que determinadas condiciones ambientales y de las praderas pueden convertirse en un problema sanitario real. Por otra parte, en el escenario actual, con El Niño reportado por el IDEAM en fortalecimiento, la vigilancia sanitaria adquiere todavía mayor importancia.

La pregunta que debería hacerse el productor no es solamente:

“¿Qué enfermedad puede traer El Niño?”

La pregunta más útil es:

“¿Qué condiciones sanitarias pueden cambiar en mi finca durante el calor y la sequía, y cómo puedo detectarlas antes de que produzcan pérdidas?”

Esa diferencia permite pasar de reaccionar ante el problema a vigilarlo y prevenirlo.

Fuentes consultadas

IDEAM — seguimiento de El Niño

IDEAM — actualización del 10 de septiembre de 2026

ICA — vigilancia durante el Fenómeno de El Niño, 23 de septiembre de 2026

ICA — caso de intoxicación por nitratos en Boyacá

PubMed — estudio de mortalidad durante olas de calor en Italia

PubMed — meta-análisis de estrés térmico y producción de leche, 2026

Nebraska Extension — riesgo de nitratos y ácido prúsico durante sequía

PubMed — estrés térmico y reproducción bovina, 2026

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